Virgen Maria

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María (en arameo, מרים, ‘Mariam’) es el nombre que se usa en los evangelios para referirse a la madre de Jesús de Nazaret. Para los cristianos católicos, ortodoxos, coptos, anglicanos y otros grupos cristianos orientales, son más usadas las expresiones «Santísima Virgen María», «Virgen María», «Madre de Dios» o simplemente «la Virgen». En el islam se usa el nombre árabe Maryam.

Vida

María es mencionada por su nombre por primera vez al escribirse el evangelio más antiguo, el evangelio según san Marcos, pero de forma tangencial. En el evangelio según san Mateo se la menciona con motivo de la narración de la concepción milagrosa de Jesús y de su nacimiento y huida a Egipto.

Aquí el evangelista menciona que es María aquella de quien habló el profeta Isaías al decir: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emmanuel, que traducido significa: “Dios con nosotros”. El evangelio según san Lucas es el que más datos da sobre María, al desarrollar con más detalle los temas de la infancia de Jesús, algunos de los cuales se amplían más abajo: la Anunciación, la Visita a Isabel, el Nacimiento de Jesús, la Presentación de Jesús en el Templo (aquí el anciano Simeón le profetiza: a ti misma una espada te atravesará el corazón, aludiendo al dolor de María durante la Pasión de su Hijo) y la pérdida de Jesús y su hallazgo en el templo. También es san Lucas quien dice que María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón. En el evangelio según san Juan, Jesús hace su primer milagro a petición de ella, en Caná. Y en la cruz, la entrega como madre al mismo san Juan, y san Juan es entregado a María como hijo. Las teologías católica y ortodoxa destacan, a raíz del milagro de Caná, la eficacia de la intercesión de María ante su Hijo; y en la entrega al pie de la cruz, la proclamación simbólica de María como Madre de la Iglesia, es decir, de todos los cristianos, figurados en la persona de Juan. También se la menciona en los Hechos de los Apóstoles como miembro destacado de la comunidad cristiana primitiva.

Matrimonio de María

Los evangelios hacen aparecer a María cuando narran la concepción de Jesús. Según lo que narran se puede ver que María en ese momento era prometida de José de Nazaret, quien era carpintero. Los relatos evangélicos se inician después de los desposorios de María con San José.

El evangelio según san Lucas dedica dos capítulos a la concepción e infancia de Jesús. Es en Lucas también donde es llamada “muy favorecida”, “bendita entre todas las mujeres”, “madre del Señor”. El apelativo κεχαριτωμένη (participio perfecto pasivo de χαριτόω) es traducido por las versiones protestantes como “muy favorecida”, mientras que en las católicas se suele traucir como “llena de gracia” (siguiendo el “gratia plena” de la Vulgata). La Nueva Biblia de Jerusalén, por ejemplo, anota a Lc 1,28 que este saludo en forma literal significa: “tú que has estado y sigues estando llena del favor divino”.10 Esto se debe a que en griego un verbo factitivo como χαριτόω en perfecto indica completamiento del acto que indica el verbo.

Según la tradición judía de aquel momento, los jóvenes varones se desposaban entre los dieciocho y veinticuatro años, mientras que las jóvenes mujeres a partir de los doce años eran consideradas doncellas (na’arah) a partir de esa edad podían desposarse. El matrimonio judío tenía dos momentos, desposorio y matrimonio propiamente dicho: el primero era celebrado en la casa de la novia y traía consigo acuerdos y obligaciones, aunque la vida en común era posterior. Si la novia no había estado casada antes se esperaba un año después del desposorio para llegar a la segunda parte, el matrimonio propiamente dicho, donde el novio llevaba solemnemente a la novia desde la casa de sus padres a la de él.

Anunciación

La presencia de María en los relatos bíblicos comienza con la narración de la aparición del Arcángel Gabriel a María, según lo relata el evangelista Lucas:

Y al sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre que se llamaba José, de los descendientes de David; y el nombre de la virgen era María. Y entrando el ángel, le dijo: «¡Alégrate, llena de gracia! El Señor está contigo.»

Lucas 1:26-28

Lucas puso empeño en anotar las reacciones de María ante las revelaciones divinas que se irán sucediendo: su turbación y su dificultad, al igual que posteriormente mostraría su asombro ante el oráculo de Simeón y su incomprensión de la palabra de Jesús en el templo. En presencia de un misterio que rebasa su inteligencia, reflexiona sobre el mensaje (Lucas 1:29; Lucas 2:33), piensa sin cesar en el acontecimiento y lo guarda en su corazón.

Desde el momento de la Anunciación, cuando el proyecto inicial de vida de María parece trastocarse, comienza una secuencia de riesgos y de inseguridades señalada por los evangelios de Lucas y de Mateo. La primera inseguridad se presenta en relación al origen de su concepción. En efecto, la incertidumbre parece atacar el corazón de su prometido José, y lo conduce a su intención de repudiar a María en secreto para no ponerla en evidencia. Así lo tiene planificado José cuando Dios le hace conocer sus designios por un sueño: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.» A partir de entonces, José coparticipa de los riesgos que se presentan en la vida de María, como se detalla más adelante.

Nacimiento de Jesús

Lucas, al narrar las circunstancias que rodean el nacimiento de Jesús, describe con sencillez el riesgo que sigue impregnando la vida de María.Ante un edicto de César Augusto que ordena un censo,José y María deben emprender la travesía desde Nazaret en Galilea hacia Belén en Judea, cuando ella está por dar a luz. Como no hay sitio para hospedarse, debe dar a luz en un pesebre. El relato del evangelio de Lucas parece resaltar de forma creciente la fe de María, quien se fía de Dios a pesar de no comprender plenamente lo que sucede: ella guarda “estas cosas” y las medita en su corazón.

María durante el ministerio público de Jesús

Durante el ministerio público de Jesús, María aparece mencionada en los Evangelios como “su madre”, una situación especial que no pertenece a ningún otro miembro de la comunidad. «Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron», exclamó una voz entre la muchedumbre, y siguen ahora exclamando los cristianos. Como se señalará más adelante, se suele poner particular relieve en la virginidad de María, en su concepción inmaculada o, sobre todo, en su maternidad divina. Jesús respondió: «Dichosos más bien los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen». Cristo no dice que haya otros seres más dichosos que su madre. Lo que sí afirma es que la razón principal de la bienaventuranza de María consiste, no sólo en haber concebido al Hijo de Dios, sino en haber escuchado su palabra y haberla puesto en práctica, en haber creído en él, de la misma forma que lo había señalado antes Isabel: “Feliz de ti por haber creído”.

En el evangelio según san Juan, toda la vida pública de Jesús está encuadrada por los dos únicos pasajes en los que aparece su Madre, y que son propios de este evangelio. Se trata de las “bodas de Caná” y la “muerte del Señor”, que forman parte del inicio y del final del ministerio público de Jesús.

Las bodas de Caná tienen lugar cuando, según lo expresa Jesús, todavía no ha llegado “su Hora”. Sin embargo, y a pedido de María, Jesús realiza su primer signo, para que sus discípulos crean en él. María reaparece al llegar “la Hora”, que no es otra que la de la glorificación de Jesús, su muerte y resurrección. En la cruz, es Jesús el que llama a su Madre. Como en Caná, María es llamada por Jesús “Mujer”, y le encomienda que sea “Madre” del discípulo amado que está con ella junto a la cruz.

María adquiere un valor simbólico porque en ese momento pasa, en la figura del discípulo amado, a ser la madre de los discípulos de Cristo. Se la llama “Mujer”, y esta palabra hace alusión a la primera mujer del comienzo del Génesis, “Eva, madre de todos los vivientes”. Muchos Santos Padres (San Jerónimo de Estridón, San Agustín, San Cirilo, San Juan Crisóstomo, San Juan Damasceno) señalan al respecto que “si la muerte vino por Eva, la vida vino por María”. Ahora que comienza una nueva creación, hay una nueva “Mujer” que es la Madre de la Iglesia, madre de todos los que viven. Las teologías católica y ortodoxa destacan que, en virtud de esos dos pasajes, son discípulos del Señor aquéllos que –tal como pide María– hacen lo que Él dice, que permanecen al pie de la cruz del crucificado junto a Maríay los que la reciben como madre propia, al igual que hizo “el discípulo a quien Jesús amaba“. Otras interpretaciones se discuten más adelante (ver sección “Cuestiones Teológicas”).

Apariciones de María

Según la Iglesia Católica, la iglesia ortodoxa y la Iglesia Copta, es posible que María y los santos puedan comunicarse privadamente con los hombres. Los mensajes revelados a los videntes son consideradas por la Iglesia como revelaciones privadas (mensajes que pueden ayudar a la salvación). Sin embargo, aunque la Iglesia Católica llegue a aprobar una aparición como auténtica manifestación sobrenatural y diga que los mensajes están de acuerdo con la doctrina y tradición cristiana, estas revelaciones no son consideradas como una verdad de fe, lo que deja en libertad a los creyentes de aceptarlas o no. Las apariciones de María son indicadas en la teología católica con el término Mariofanías.

La historia del catolicismo recuerda numerosas apariciones, de las cuales sólo algunas han sido aprobadas oficialmente. Entre las más conocidas podemos citar: Guadalupe (México, 1531), Lourdes (Francia, 1858), Fátima (Portugal, 1917); la que se refiere a Medjugorje (1981) todavía era objeto de estudio (en 2010) por parte de las autoridades católicas.

Pero esto no ha ocurrido solo en el catolicismo. Durante la historia de casi todos los países de cristianidad ortodoxa tales apariciones se manifestaron en gran número con la construcción de santuarios dedicados al evento en donde tuvo lugar. Algunas de esas apriciones se reflejaron en los calendarios litúrgicos de las iglesias ortodoxas (p.ej., véase Protección de la Madre de Dios). En los últimos años se han producido diversas apariciones marianas en Egipto, algo que la Iglesia Copta interpreta como una consolación en tiempos de persecución. Ha habído varias apariciones como la del Zeitún en 1968, Asiut en 2000, y más recientemente en el barrio cariota de El Warrak en diciembre de 2009. La mayoría de estas apariciones tienen lugar en las cúpulas de iglesias coptas. Recientemente el Papa copto, Shenouda III aprobó tales apariciones como verdaderas manifestaciones de la Virgen María.

Oraciones

Bajo tu amparo nos acogemos,,
Santa Madre de Dios
no deseches las súplicas que te dirigimos
en nuestras necesidades;
antes bien, líbranos
siempre de todo peligro,
Oh Virgen gloriosa y bendita

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Me gusta el rock, el cine y las chicas
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